ITINERARIO CORPORAL: TRANSICIÓN PERSONAL DE NIÑO-ADOLESCENTE

 

Las siguientes líneas corresponden a una descripción personal y anónima sobre la transición de niño-adolescente. En donde confluyen experiencias propias e íntimas sobre este acontecimiento natural de nuestro cuerpo; en como vivimos los cambios y, a su vez, de como vivimos una transición que altera parte de nuestra cotidianidad. Estos párrafos siguientes son propios de una persona abierta a su corporalidad y que reconoce los hechos que implicaron su vida en su momento. Su redacción está sujeta a una espontaneidad ingenua y natural lo cual corresponde a una práctica descriptiva en antropología. 

ANÓNIMO:

Mi historia comienza, a partir de los cambios hormonales que sufro mediante el desarrollo niño-adolescente, aproximadamente a los 11 años de edad; es, en este momento donde comienzo a experimentar cambios sutiles, pero a la vez drásticos, de mi cuerpo y su funcionamiento, la cual siempre creí que todo era normal, ya que mis nociones sobre el cuerpo eran sobre crecimiento de mi estatura y el cambio prolongado de mi voz; desde una voz de niño (Agudo) hasta llegar a la voz de un “hombre” (Grave). Es por esta causa que comienzo a darme cuenta de la transición en que estaba envuelto a esa edad.

De esta manera, fui explorando mi entorno y las experiencias que otros niños, como yo, estaban pasando por algo parecido. En principio no le tome mucha importancia al asunto en el ámbito escolar y social de mi grupo de amigos, ya que estos temas eran totalmente incómodos de hablar, pero dentro de mi hogar era todo distinto, mis padres siempre hablaban conmigo en forma de juego diciendo los cambios por los que he pasado (sin yo darme cuenta), estas formas de mi familia de hacerme ver la transición por la cual estaba pasando, hacia de mi comportamiento totalmente retraído y apenado.

Una de las primeras fases que me hiso dar cuenta de los cambios en mi cuerpo fueron, los comentarios continuos de mis padres, desde allí comencé a buscar información propia al respecto; revisando mi cuerpo y preguntándole a mis amigos de forma discreta. Esta parte la asumo como una aceptación interna, ya que me estoy dando cuenta que mi cuerpo esta cambiando de forma “extraña”. En primer lugar, con respecto a la exploración de mi cuerpo, comienzo a expirar de mis axilas, olores desagradables para mí, pensé que solo era por que me la pasaba jugando y siempre sudaba, pero anteriormente esto no me pasaba.

De esta forma, cada vez que sudaba, siempre estaba pendiente de algún olor que desprendía mi cuerpo, específicamente en mis axilas. Nunca entendía el por que “olía tan feo”, aunque lo asumía que era por el sudor, poco a poco me fui dando cuenta de que era causa del desarrollo. No solo yo me percaté de estos olores desagradables, sino que las personas que se colocaban cerca de mí, olfateaban el olor tan desagradable que salía debajo de mis brazos; yo, apenado, retraído y distante, obtuve las respuestas del por qué tenia ese olor, fueron mis padres que al darse cuenta, me dijeron de una vez que era parte del desarrollo, pero se burlaban de ello como si fuera un chiste que mi cuerpo desprendía, pero yo no lo controlaba.

Este cambio significativo en mi cuerpo, trajo consigo la emergencia de utilizar nuevos usos diarios, adopte en mi cotidianidad el uso del desodorante y el talco, de esta forma, logré solventar y remediar los olores que desprendía mi cuerpo en ese momento. Por consiguiente, luego de este incidente que revolvió mi sociabilidad, vino otro acontecimiento un poco más vergonzoso que de costumbre; incontrolables erecciones de mis partes intimas, suena algo abrumador, pero fue parte de los grandes cambios que formó parte de mi transición niño-adolescente, todavía no lograba explicar el por qué me pasaba esto continuamente, no era fácil controlarlo y mucho más difícil, no era nada fácil ocultarlo, ya que pasaba de improvisto.

Continuando, en mí hogar formaba parte de mi intimidad, lo podía esconder sin que nadie se diera cuenta,  el problema mayor pasaba cuando iba a la escuela, en ese tiempo estaba empezando el 1er año de bachillerato. Siempre me imagine que solo yo pasaba por ello, por tal motivo, utilizaba cualquier medio para poder ocultar mi “vergüenza”, esto configuro mi cotidianidad de aquel tiempo, ya que dependía de diferentes factores para pasar desapercibido en clase, en el bus, en la calle y la banda (Pertenecí a una Banda Show, cuando era adolescente), mis medios para poder ocultarlo eran; el bolso escolar, caminar despacio y algunas veces ir al baño.

Era incomodo tratar de concentrarme para que el incidente de mi intimidad no se hiciera explicito, más adelante comprendí que estos cambios en mis partes intimas formaban parte del desarrollo para pasar de niño a adolescente. Mi cuerpo pasó por esta etapa, de la cual siempre me sentí aislado, ya que era muy vergonzoso contarlo. Es claro que no todo el tiempo mi intimidad se exaltaba, pero las veces que pasaba era en lugares y contextos totalmente improvistos, explorando mi cuerpo pude entender un poco que era lo que pasaba, creía que tenia una mentalidad algo pecaminosa, pero con la ayuda de información que pude obtener, resolví mis dudas con respecto a estas expresiones de mi cuerpo totalmente incontrolables.

De igual manera, los acontecimientos continuaron pasando por varios años de mi desarrollo en la adolescencia, pero a través de esta experiencia, pude dominar y controlar estas manifestaciones. Cabe destacar, que de acuerdo a este cambio que retumbo mi mentalidad, tenia como consecuencia; el distanciamiento de mi parte, para con mi grupo de amigos, ya que se presentaba en momentos inoportunos, tenia que alejarme para que nadie se diera cuenta, y estas expresiones de mi cuerpo, siempre las asocié al irrespeto y “burla” de lo que me pasaba, por eso optaba por aislarme indistintamente de mi sociabilidad con respecto a lo que me pasaba en el cuerpo.

 Mi cuerpo estaba pasando por muchos cambios notorios, mi contextura era gruesa, tenía una barriga pronunciada, mis mejillas estaban esponjadas y era de estatura pequeña. Mediante estas transformaciones que estaban ocurriendo en mi cuerpo, empecé adelgazar rápidamente, en ese momento lo presumía como si fuera causa de los ejercicios que hacia ó por las caminatas que frecuentaba hacer, por lo cual no estaba del todo pendiente, pero mi entorno siempre me daban comentarios al respecto; -Estas más delgado, -Estas creciendo, -No estas comiendo, -Te veo enfermo, -Estas cambiando mucho.., estos comentarios me retumbaban en mis pensamientos y, hasta llegué a pensar que estaba enfermo, ¿Por qué estaba tan delgado?, ¿Por qué tengo la cara llena de granos?, ¿Por qué, si hago tantos ejercicios, me siento tan extraño?.

Mi desarrollo se torno personalmente, algo dudoso, ya que no tenía las respuestas de tantos cambios notorios de mi cuerpo. Era abrumador no sentirme cómodo conmigo mismo, no me gustaban los granos en mi cara, tampoco mi delgadez, me sentía feo, me sentía enfermo, me sentía extraño, totalmente extraño. A pesar de que mi cuerpo sufría cambios y transformaciones; mis comportamientos diarios, también emergían a través de esos cambios, mi familia siempre me daban comentarios de burla, con respecto a mi apariencia personal y mi entorno social, también daban comentario, pero sutiles, referente a mi presentación.

De esta forma, estuve inmerso en una lucha constante de mi propia aceptación en los cambios de mi cuerpo. Aceptando y en algunos casos, ignorando cualquier comentario que llegaba, ya que solo depende de mí personalmente, entender y explorar las diferentes características en que mi cuerpo estaba experimentando. A pesar de mi delgadez en aquel tiempo, frecuentaba comer mucho y a cada rato, y sin embargo seguía adelgazando más, no solo era mi contextura, sino también la representación de los granos en mi cara, hubo un tiempo en que todo lo que comía se presentaba en la cara, o por lo menos así lo entendía yo. Llegué a tener mi rostro, todo cubierto de granos, el sentimiento que emergía era atroz, pero como siempre dije en ese tiempo; “No lo puedo controlar”.

Siguiendo, estos acontecimientos de mi desarrollo, referente a mis comportamientos y sentimientos con respecto a los cambios de mi cuerpo, eran totalmente internos y personales, ya que nunca logré expresarlo socialmente por no querer experimentar vergüenza, burla y no aceptación de la realidad que me embargaba, aunque ya los cambios en esa etapa del desarrollo eran muy visibles en mi cotidianidad y mi sociabilidad de mi entorno. Otras de las transformaciones que experimente en mi transición niño-adolescente fue, la aparición del vello púbico, no estaba de acuerdo con estas manifestaciones, ya que el vello me parecía anti-higiénico y desagradable, por lo que en las primeras apariciones de ello, opte por implementar en mi uso diario la afeitadora y así eliminar, aunque fuera temporal, el vello, en las zonas menos deseables y agradables para mi; piernas, axilas, pecho, entrepierna y en mi rostro.

De igual manera, la aparición de vello púbico fue notable cada vez más, pero la única parte donde era evidente, se encontraba en mi rostro, la cual se transformo en una puga continua entre mi afeitadora y yo. Aproximadamente a los 14-15 años fueron apareciendo estas expresiones de vello en mi cara; experimentando desagrado y falta de aceptabilidad de estos cambios notorios, no muchos se dieron cuenta, pero al momento en que sí, fue mi familia, que de igual forma hacían comentarios jocosos al respecto. Todo lo relacionado a mis cambios en el cuerpo, fue representado por mi familia como algo jocoso y a la vez normal, pero igual disfrutaban viéndome pasar por este proceso tan desagradable para mí en esos momentos.

Prosiguiendo con los procesos de niño-adolescente, se inserta en mi cuerpo otro factor de expresión muy significativo para mi desarrollo, dolores sutiles y prolongados en las tetillas. Esta manifestación fue el punto clave para asimilar mi situación como si estuviera enfermo, hasta no logro explicar por que el hombre le tienen que doler las tetillas, pero me pase de manera extraña. Aunque no fue explicito socialmente, pero fue expuesto internamente, ya que era una molestia, por la cual no me sentía  a gusto, comencé a pensar y a divagar, que si esto le pasaba a una niña ¿Por qué me pasa a mi?, eran muchas interrogantes que tenia, pero el temor que tenia al respecto era mucho mayor, por lo cual nunca busque información y solo espere a que eso se me quitara, me duró como 2 años desde los 13 hasta los 15, pero el dolor venia y se iba, era de improvisto, por eso nunca lo sociabilice para ver si encontraba solución.

Fueron muchas los cambios que experimente en mi proceso de desarrollo, y destaqué los más importantes. Estas etapas en mi cuerpo, me causaron revuelo socialmente, ya que estaba aislado para no sentir burla y no aceptación de mis cambios. Tuve una lucha constante y mental, de poder ocultarlo, de poder asumirlo y por encima de todo aceptarlo. De igual forma, configuro mi identidad de manera constante y la dedicación que tuve sobre esa constancia. Dentro de esos años en que vi manifestaciones en mi cuerpo no tan agradables normalmente, experimente un proceso relevante de mi propia identidad; La construcción de género, en este caso la construcción mental que hacia yo mismo de lo que es ser hombre.

Este cambio, fue el de más relevancia para mi vida actualmente, ya que a partir de mi desarrollo se fue construyendo mi identidad como hombre social. Teniendo una lucha constante en mi interior, de lo que realmente soy, y a lo que quiero llegar ser, estudiando en una escuela publica, estaba envuelto en comportamientos totalmente “machistas” la cual, cualquier expresión de mi parte que no fuera meramente acción de lo que hace un hombre, era categorizado como afeminado. En estas situaciones, no comprendía por qué el hombre tenía comportamientos tan aislados, estrictos y determinados; yo no podía hacer nada con mujeres, por que de una vez me etiquetaban.

De esta forma, cumplía con unos comportamientos no muy aceptados en mi escuela, ya que nunca me gustó el deporte, ni fútbol, ni béisbol; lo cual eran deportes que formaban parte de las características identitarias de ser hombre, en ese contexto de la escuela. Por consiguiente, no querer jugar, manteniendo las expresiones de mí cuerpo en pleno desarrollo, lograba crear dudas de otras personas, sobre identidad como hombre. Yo me sentía hombre, yo soy hombre, pero mi entorno social de mi escuela no lo veía de esa manera, siempre estaba inmerso en una resistencia de mi identidad dentro de la escuela.

Ya en otros contextos, como en la banda era todo distinto, todos compartíamos un concepto en común; la música, el tocar un instrumento y expresar mi individualidad a través de el. A pesar de que no estaba envuelto en los estereotipos de ser un hombre, meramente hombre, me sentía a gusto conmigo mismo en estos espacios de la banda. Y de acuerdo a la expresión de mi cuerpo, ya era una lucha llanamente distante a mi construcción identitaria de género. Mi transición de niño-adolescente es un conjunto de acontecimientos repentinos de expresiones de mi cuerpo, que fueron apareciendo prolongadamente a través de los años de mi desarrollo, junto con los cambios de comportamientos que experimente durante ese tiempo; una larga lucha de aceptación propia y social, distanciamiento social por parte de las etiquetas creadas en mi escuela y la dependencia gradual de la banda con la cual descargaba mis situaciones a través del instrumento.

En conclusión, pude exponer la realidad que me embarga, dentro de la transición de niño-adolescente, los cambios hormonales que causo en mis comportamientos, la construcción identitaria del ser “Yo” como hombre social y las transformaciones que mi cuerpo sufría, mediante el desarrollo y los procesos que eso lleva, para convertirme en un adolescente-adulto. De esta manera, determinar una estructura particular de mi transición y las nociones individuales que mi cuerpo experimentaba, cabe destacar, la importancia de las acciones que esas expresiones del cuerpo me llevaban a responder socialmente y la poca información que tenía en esos momentos. El aislamiento social, por la falta de aceptación y la burla en que mi familia lo percibía. Son diferentes los factores que exploré y experimenté en mi desarrollo, pero logró configurar la realidad de mi identidad actual.

Mi itinerario corporal se basó en los procesos de transición desde ser un niño, hasta llegar a ser un adolescente, lo que es llamado como etapa del desarrollo. De esta manera, di un bosquejo de los acontecimientos y manifestaciones que mi cuerpo expresaba a través de estos procesos cambiantes que sufría mi interior, para convertirme en adolescente-adulto. Fueron muchos los cambios en que estuve inmerso, pero fue parte de la re-construcción identitaria de mí ser como hombre social. Incautado por la resistencia de mis cambios, pero adaptándome a las nuevas maneras de comunicación que mi cuerpo emergía para expresarse y transformarse en adolescente.

Estos cambios, estuvieron en funcionamiento mediante situaciones convergentes de mi cotidianidad; mi hogar, escuela, la banda, las calles, los buses.., siendo totalmente notorios para con mi entorno. Por consiguiente, mi cuerpo a través de estas transformaciones, exigía una realización de mis comportamientos, de acuerdo con las respuestas que ella daba, de igual forma no lo podía controlar, pero tenia tomar respeto sobre los acontecimientos, y adaptarme a los cambios que involucraban acciones consecuentes en mi sociabilidad y mi estabilidad emocional.

Por ultimo, ser o sentirse hombre, mujer, o como quiera que se viva el género, es un proceso sustancialmente corporal, una vivencia encarnada que se sitúa en unas coordenadas sociales e históricas determinadas y cambiantes. (Esteban Mari. 2004; 139) parafraseando la cita, estuve envuelto dentro de mi transición, en la compleja determinación de hacerme sentir hombre, como ser social aceptado y no estigmatizado; viviendo estas problemáticas de refortalecimiento de género hombre como una expresión netamente corporal y acuñado por factores sociales que configuraba mi pensamiento y la noción que tenia de ello. De esta manera, conjugando la historia que viví en las realidades concretas, ya presentadas en el desarrollo del trabajo, para sobreponer y acreditar mi posición social como hombre dentro de mis contextos cotidianos espacios sociales, de los cuales me desarrollaba en esos tiempo de transformación y expresión de mi cuerpo de niño-adolescente.

 

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