Aportes de Alfredo Jahn para la Arqueología Venezolana.

A continuación presento una descripción de antecedentes sobre los aportes a la arqueología venezolana de Alfredo Jahn, siendo éste un pionero importante en la construcción de una disciplina científica que ha pasado de ser un área exploratoria a una forma teórico-metodológica bien asentada en la actualidad. Y para entender la arqueología en estos mundos, es necesario conocer a los científicos impulsores de dicha línea de investigación.

Inicios

Nacido en Caracas, Venezuela el 8 de octubre de 1867. A sus 9 años de edad fue enviado a Alemania por sus padres para su colegiatura y fue en la capital de ese país donde inició estudios en la Escuela de Ingeniería. Posteriormente, para el año 1882 regresa a Caracas continuando sus estudios de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela y especializándose en Ciencias Naturales bajo la conducción del científico doctor Adolfo Ernst.

Finaliza sus estudios de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela en 1886 y es cuando ingresa como ingeniero auxiliar en la construcción del Ferrocarril General propiedad de una firma inglesa que empezaban a realizar los estudios preliminares para la posterior construcción del ferrocarril de Venezuela entre Caracas y Valencia. Para el año siguiente en 1887, la empresa alemana encargada de la construcción del Gran Ferrocarril de Venezuela lo contrata como ingeniero para realizar los estudios definitivos del trazado de los primeros 62 kilómetros de vía en la región montañosa. Para ese mismo año, acompaña al químico venezolano Vicente Marcano en una expedición científica de carácter etnológico enviada al Alto Orinoco, donde recolectaron posiciones geográficas y una colección de plantas y objetos arqueológicos que hoy se encuentran en Estados Unidos y Alemania; también, realizaron diversas prospecciones arqueológicas en el Valle de Caracas, la cuenca del Lago de Valencia, la Cordillera Andina de Mérida y Coro, obteniendo como resultado el hallazgo de diversos contextos arqueológicos asociados con petroglifos, entierros secundarios, objetos cerámicos e instrumentos líticos. (Meneses y Gordones, 2007:21)

En 1892, al iniciarse los trabajos para la construcción del ferrocarril del centro le fueron encomendados los estudios y trazados, es por ello que fija su estancia en Maracay hasta la culminación de la construcción de la vía ferroviaria en 1894. A partir de allí, aprovecha su permanencia en la zona de Aragua y Carabobo para expandir sus estudios en la cuenca del lago de Valencia en los sitios de La Mata y el Camburito realizando prospecciones arqueológicas y respectivamente excavaciones que realizó como comisionado del Museo Etnológico de Berlín hacia el año 1903 (Meneses y Gordones, 2007:24) fijando todas las cumbres que rodean el lago.

Exploraciones en los Valles de Aragua

A pesar de que Alfredo Jahn no llevó a cabo excavaciones arqueológicas sistemáticas, se interesó por los objetos enteros que fueran “museables”, es así como obtuvo de las exploraciones realizadas en 1903: 32 cráneos, 140 objetos líticos, 150 vasijas cerámicas y 38 collares y amuletos de hueso, concha y piedra de la zona del Lago de Valencia (Wagner, 1986:4). Durante esas exploraciones en la cuenca del lago de Valencia, también conocido como “Los Valles de Aragua”, realizó un levantamiento detallado de toda la cuenca del lago. Según Jahn (1932), los montículos artificiales que se han hallado por todos los contornos del lago y todo el vasto material arqueológico descubierto, tanto en el interior, como sobre las playas, revelan que los Valles de Aragua, desde las tierras planas de Aragua y Carabobo hasta Valencia, fueron el asiento de una población indígena muy numerosa y de una cultura relativamente avanzada, por lo cual, esta característica de “montículos” que servían para soportar y mantener las habitaciones fuera del alcance de las aguas, parece indicar que la parcialidad Arauca que allí residió por largo tiempo fue la de los Caquetíos.

A partir de la exploración de las regiones próximas a la orilla oriental del Lago de Valencia, Jahn (1932) se fijó particularmente por dos sitios que revelaban en numerosos montículos agrupados la antigua existencia de poblaciones aborígenes por la costumbre de enterrar a sus muertos en el propio sitio de sus viviendas. El primer sitio fue el potrero de “La Mata” que se halla a orillas del Río Aragua a unos 3 kilómetros arriba de su desembocadura, entra La Quinta y Tocorón; y el segundo el potrero de “Camburito” a 6 kilómetros al Norte del primer sitio.

En primera instancia, la exploración del sitio de “La Mata” presentaba 26 montículos artificiales con una capacidad de 50.000 metros cúbicos de tierra, entre ellos se evidencian montículos de diversos tamaños, uno con una planta circular de 20 hasta 40 metros de diámetros, y otro, el mayor de todos con una forma alargada que mide 130 metros sobre el eje mayor y 63 sobre el menor. En el segundo sitio, el “Camburito” presentaba unos 20 montículos con bases circulares, cuyos diámetros oscilaban entre 10 y 25 metros.

Los cráneos deformados de los aborígenes de los Valles de Aragua

En los dos sitios de “La Mata” y el “Camburito” se exhumaron 32 restos humanos, algunos bien conservados, que dieron una idea del aspecto físico de los aborígenes de Aragua y que se hallan en el Museo etnológico de Berlín. Durante estas excavaciones también participó Rafael Requena, pero en otros sitios alrededor de la cuenca del Lago de Valencia, y obtuvo 30 cráneos adultos masculinos (16 deformados y 14 normales) y 10 femeninos (5 deformados y 5 normales), por lo que se puede admitir que el 50% eran anormales por deformación artificial (Jahn, 1932), siendo estas evidencias puntos clave en los análisis científicos de Jahn, donde expresa que: “la deformación craneal, a consecuencia de un achatamiento frontal, se ha observado en muchos pueblos primitivos y generalmente en ambos sexos”[1].

Por consiguiente, a partir de estas evidencias en los cráneos deformados, Alfredo Jahn (1932), estudiando la colección de Rafael Requena y sus exhumaciones alcanzó a probar que los aborígenes de los Valles de Aragua fueron sedentarios y por tanto agricultores, al menos antes del arribo de los Caribe. Por tanto, la cerámica de sus pobladores tuvo un gran desarrollo en sus técnicas de elaboración y acabado, según atestiguan las colecciones arqueológicas extraídas. De esta forma, también revela que los Caquetíos eran expertos constructores de grandes obras de tierra por el gran número de montículos, que daban mayor estabilidad a sus viviendas previniéndoles de las inundaciones y, a consecuencia de ello, bien conservando los restos arqueológicos.

Dentro de los aportes de Jahn (1932), en referencia a los cráneos deformados de los Valles de Aragua, son todos de una edad relativamente corta según el estado de su conservación general, la de su dentadura a veces completa, la de los finos huesos de la nariz y de la apófisis zigomáticas de su mayoría, se estima que la edad de esos cráneos rondan los 600 a 1000 años de antigüedad. Por tanto, no son fósiles los restos humanos hallados en los Valles de Aragua y que la conformación anormal que se observa en muchos de los cráneos de los antiguos pobladores del lago, provienen de una deformación artificial como práctica cultural.

Los aborígenes del Occidente de Venezuela

Es importante dejar claro que Alfredo Jahn (1927) realizó sus estudios en el Occidente de Venezuela para recabar información bajo aspectos etnológicos, el levantamiento geográfico de todo el sistema andino con sus regiones circunvecinas, observaciones relativas a su meteorología, geología, glaciología y flora, y más importante aún, en el foco principal del libro publicado por el autor llamado: Los Aborígenes del Occidente de Venezuela, las anotaciones sobre etnografía y lingüística comparada sobre los sitios y pueblos indígenas explorados.

Bajo esta observación, Jahn (1927) intenta esclarecer en su libro, los orígenes étnicos de los antiguos habitantes de la cuenca del Lago de Maracaibo y de la Cordillera Andina; viendo en el Estado Zulia los aborígenes “representados por las tribus motilones y sus subtribus y los Guajiros y sus afines los Paraujanos” (1927: 18), cabe destacar que estas exploraciones en la cuenca del Lago de Maracaibo poco fueron sus aportes arqueológicos, aunque realizó descripciones importantes en la recolección que hizo de las armas de los Motilones venezolanos diciendo que eran idénticos a los de sus hermanos colombianos. Esto también revela que el autor recabo una gran colección de hachas, flechas y demás instrumentos de uso para sus respectivas descripciones etnográficas, llegando a exponer las actividades productivas de los hombres y las mujeres dentro del grupo étnico estudiado.

En el caso de la Cordillera Andina, los aportes están expresados bajo las descripciones de las numerosas tribus que poblaban la cordillera, en donde se presenta que en la sección montañosa se hablaba la misma lengua, con ligeras variaciones dialécticas y pueden ser considerados como pertenecientes a un mismo grupo llamado Kuikas. Estos aborígenes trujillanos hablaban la misma lengua de sus vecinos occidentales y los aborígenes merideños, por esa razón se les consideró como miembros de la gran nación Timote (Jahn, 1927: 86-87) que fue la pobladora respectivamente de toda la región andina de Trujillo y Mérida.

Lo descrito anteriormente, esboza superficialmente algunos aportes de Jahn para la arqueología en Venezuela, aclarando que en su libro no expresa claramente la arqueología como contribución para sus interpretaciones de los aborígenes del occidente del país. Dentro de estas anotaciones y un poco para dilucidar los aportes, que es foco principal de este resumen, expresa importantes descripciones del poblamiento prehispánico, dejando claro que estuvo poblada, al tiempo de la conquista, por indígenas, cuyas lenguas correspondían a las familias Aruaco, Betoy, Caribe y Timote., creando relaciones de filiación, expansión y comercio entre pueblos indígenas (1927: 136).

 Bibliografía consultada

Jahn, Alfredo (1927). Los Aborígenes del Occidente de Venezuela. Tomo I y II. Monte Avila Editores. Caracas-Venezuela

Jahn, Alfredo (1932). Los cráneos deformados de los aborígenes de los Valles de Aragua. Trabajo presentado en la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales en la sesión del 7 de julio de 1932. Venezuela.

Meneses y Gordones (2007). Historia Gráfica de la Arqueología en Venezuela. Museo Arqueológico “Gonzalo Rincón Gutiérrez”. ULA. Ediciones Dabantá. Mérida-Venezuela.

Meneses y Gordones (2004). El poblamiento prehispánico de la Cordillera Andina de Mérida-Venezuela. Boletín Antropológico. Año 22, N°60. ULA. Mérida. Pp 37-71.

Wagner, Erika (1986). La contribución antropológica de Alfredo Jahn. Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Tomo LXX. N° 277. Departamento de Antropología. IVIC. Caracas 1010-A, Venezuela. Consultado en: http://200.2.12.132/SVI/images/stories/ajh/pdf/ajh_icant.pdf el 23/01/2016 a las 19:30 horas.

[1]Según el mismo Alfredo Jahn en: “Los cráneos deformados de los aborígenes de los Valles de Aragua: observaciones antropológicas” trabajo presentado en la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales en la sesión del 7 de julio de 1932, en América se practicaba más frecuentemente en los hombres y en algunos pueblos, el comprimir por medio de tablas y ligaduras el frontal de los recién nacidos, manteniéndolos por algún tiempo sometidos a este tratamiento para producir el tipo anormal que les ha valido el sobrenombre de Cabezas-chatas.

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